• Alvaro Posse

La ecuación personal

Serie ZENCILLEZ, Lección 12/100


Cada tipo de personalidad impone una serie de predisposiciones que influyen en la percepción de la realidad y, por supuesto, determina las características de las actuaciones de los individuos ante las circunstancias que se les presentan. El conjunto de estas predisposiciones personales configura lo que Carl Jung denominó: LA ECUACIÓN PERSONAL.


Ahora bien, las predisposiciones personales se adquieren por razones genéticas (y epigenéticas), la influencia del entorno cultural, social y económico, la experiencia de vida y -en un plano más espiritual- en el aprendizaje necesario para trascender.


El entendimiento de la existencia de la ECUACIÓN PERSONAL es la clave para la comprensión, la tolerancia y la compasión; para no juzgar a los demás, evitar la lucha por tener la razón y detener la imposición de criterios donde se satanicen a quienes no piensen como nosotros.


¿De qué vale tratar de imponer la razón si sabemos que, en términos generales, la inmensa mayoría de personas ignora que su genética, su entorno, su experiencia y su necesario aprendizaje les han hecho ser como son? Sólo cuando se tiene consciencia de ello se puede comenzar por verificar la certeza o no de todo lo que creemos saber o conocer. Por eso, la imposición dogmatizada jamás será el camino del entendimiento como sí lo es el consenso que se logre a través del diálogo genuino.


Dale Carnegie nos cuenta en su libro Cómo ganar amigos que, un sujeto conocido como “Dos pistolas Crowley”, asesino despiadado, alcanzó a escribir antes de morir: “Tengo bajo la ropa un corazón fatigado, un corazón bueno: un corazón que a nadie haría daño”. Ante esto, es fácil inferir que, dentro de cada uno de nosotros existe la creencia de tener un buen corazón, aunque desde las demás esquinas, otras personas puedan descalificarlo.


Al fin y al cabo, es posible que todos los seres humanos hagan lo que puedan, de la mejor manera que crean, con la información que tengan en el momento y que, además, producto de su propia experiencia, puedan ejercer, los tres nuevos derechos humanos propuestos en varias de sus conferencias, por Humberto Maturana: “El derecho a equivocarse, el derecho a cambiar de opinión y el derecho a irse de donde uno está porque la coherencia del vivir depende de las experiencias que vayamos teniendo y eso provoca que podamos ir cambiando nuestro modo de pensar”.

Referencias

Imagen usada en esta publicación de Chuk Yong en Pixabay

122 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

La sombra