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Optimismo disposicional y consciente

Actualizado: 12 dic 2022


EL OPTIMISMO


El optimismo, de acuerdo con Bermúdez Moreno, Pérez García, & Sanjuán Suárez, (2017) es una “expectativa generalizada de obtener resultados positivos en la vida, una tendencia a creer que se experimentarán buenos resultados (Scheier y Carver, 1985, 1987, 1992).”


Existen, sin duda, dos clases de optimismo: el situacional, es decir, el que se da en una situación específica y el disposicional, estable a través del tiempo, resistente en las diferentes situaciones de la vida y que requiere un acto de la voluntad, una decisión de ser optimista, una actitud en tal sentido y la autorregulación de la conducta.


El optimismo está relacionado con el bienestar psicológico: se ha probado, por ejemplo, que, en el embarazo, las mujeres presentan menos síntomas depresivos y facilita ajustes incluso, después de pasar por la experiencia de un aborto. De igual forma, se producen en los optimistas menores niveles de estrés, depresión y soledad, las personas hacen un mejor afrontamiento, es decir, enfrentan los problemas con mayor asertividad, hay un menor ánimo negativo y mayor afecto positivo.


A nivel de salud física, estudios recientes han probado que existe menor informe de síntomas en personas optimistas que en pesimistas, mejora la actividad cardiovascular y el sistema inmunológico se fortalece. A nivel conductual, el optimismo lleva a que las personas ejecuten conductas más saludables como hacer ejercicio, beber con moderación, llevar una alimentación equilibrada y saludable, evitan conductas de riesgo y se implican en actividades de prevención, promoción y cuidado de la salud, buscando ayuda de manera más inmediata que los pesimistas cuando se presentan síntomas que requieran la consulta médica.


Sin embargo, es necesario hacer una diferencia entre el optimismo consciente y el no realista. En el segundo caso, no existe consciencia de los riesgos y se actúa de manera no razonable.


FOMENTAR UNA BUENA ACTITUD ANTE LAS ADVERSIDADES


De acuerdo con Bermúdez Moreno, Pérez García, & Sanjuán Suárez, (2017) se debe acudir al Optimismo, pero no al situacional, es decir, el que se da en una situación específica. Se debe acudir al optimismo disposicional, estable a través del tiempo, resistente en las diferentes situaciones de la vida y que requiere un acto de la voluntad, una decisión de ser optimista, una actitud en tal sentido y la autorregulación de la conducta que, en palabras de Scheier y Carver (1985, 1987, 1992) es una “expectativa generalizada de obtener resultados positivos en la vida, una tendencia a creer que se experimentarán buenos resultados”, evitando el dejar de lado la razón ya que es necesario hacer una diferencia entre el optimismo consciente y el no realista. En el segundo caso, no existe consciencia de los riesgos y se actúa de manera no razonable.


Recomendarle es el optimismo disposicional y consciente que está relacionado con el bienestar psicológico: se ha probado, por ejemplo, que se presentan menos síntomas depresivos y facilita ajustes incluso, después de pasar por las experiencias sensibles. De igual forma, se producen en los optimistas menores niveles de estrés, depresión y soledad, las personas hacen un mejor afrontamiento, es decir, enfrentan los problemas con mayor asertividad, hay un menor ánimo negativo y mayor afecto positivo.


Referencias

Bermúdez Moreno, J., Pérez García, A. M., & Sanjuán Suárez, P. (2017). Psicología de la personalidad: Teoría e investigación - Volumen II. Madrid: UNED.



Álvaro Posse

Psicólogo, educador y bloguero colombiano

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